La Navidad más feliz de mi vida

En los años setenta, cuando era joven, me marché de Misionera Seglar a Colombia por medio de una Orden religiosa. En esa época era muy difícil ir a trabajar al Tercer Mundo si no vestías hábito. Viví con las religiosas a las afueras de Cali. La Misión estaba en construcción a unos veinte kilómetros aproximadamente de la ciudad a orillas del río Cauca, su población era mayoritariamente de raza negra, descendientes de las antiguos esclavos que habían llevado de África a América. Fui muy feliz entre ellos.

Llegó la Navidad y decidimos celebrarla con las personas con las que trabajábamos, ellos eran nuestra familia, nuestros hermanos, lo que más queríamos. Les invitamos a cenar en Nochebuena en el patio de la Misión, para vivir todos juntos el Nacimiento de Jesús.

Ellos escenificaron una especie de teatro de sus antepasados, nosotras le ofrecimos al Señor los alimentos y los compartimos, eran unos bocadillos pequeños con un fiambre parecido al salchichón o la mortadela, lo más barato que encontramos, porque no teníamos dinero y para beber una Lux-Cola (parecida a la Coca-Cola pero de color rosa) Lo pasamos de maravilla, cantamos y bailamos, algunos fue lo único que comieron ese día, para mi inolvidable por su sencillez y cariño.

Los llevo siempre en lo más profundo de mi ser y nunca los he olvidado. Algunos ya estarán con el Señor y otros serán hombre y mujeres con hijos y nietos. al año más o menos tuve que regresar a España enferma, me sentí muy mal. Mi vocación Misionera continua y pienso que somos inmensamente ricos y no nos damos cuenta. Tenemos tanto: padres que nos quieren, familia, educación, cultura, amigos… y además algo de dinero, pero esto no es lo mas importante. La salud, el amor y la entrega ¡Si lo son!

¿NO OS PARECE?

María Isabel González-Rico